martes, 20 de marzo de 2012

"Antes del amanecer" (1995). " Antes del atardecer" (2004).



"Antes del amanecer” es una película rodada en 1995. La película Antes del atardecer (2004) es la secuela de este film.

Hablar de esas emociones y sensaciones tan intensas y agradables que algunas películas pueden llegar a evocarnos. Las historias sobre el amor romántico son las que más nos suelen llenar en este sentido, el amor define al ser humano de manera única. Y empatizar con los personajes hace que nos sintamos plenos y llenos de emociones intensas.


Te subís al tren y te acomodás voluptuosamente en el asiento, envuelto en ese estado de ánimo agradable que te acompaña cuando sabés que vas a pasarte horas a solas contigo mismo, sin hacer nada más que dejar a tu mente vagar, mirar por la ventanilla y sumergirte en la lectura de un libro o en la música que emerge de tus amigos los auriculares. Sin más planes inmediatos que los de dejarte llevar hacia el próximo destino.

En ese momento, una chica se sienta cerca tuyo. La mirás, por el acto reflejo de levantar la vista cuando vemos que alguien se mueve. Ella también te mira. Y ocurre algo. Tu corazón es más veloz que tu pensamiento y ya intuye que este trayecto no se va a limitar a dejarte a solas. Antes de que puedas pararte a razonar, tu instinto está actuando por su cuenta, y ella percibe tu reacción. Tal vez sienta lo mismo que vos. Tenés que hablarle o morir ahí mismo, porque sabes que te  vas a arrepentir durante todo lo que te quede de vida si no lo hacés. Y lo hacés. Establecés el contacto. Y ella te responde.

¿Quién no saltaría al vacío? ¿Cómo evitarlo? Es como tratar de evitar que suba la marea, o frenar la fuerza de una inundación.


Sería poco decir que en esta película sólo he visto a dos personas que se enamoran en un día fugaz. He visto el amor mismo. He visto su misma esencia. Lo he visto en su estado más puro. En el fondo siempre es el mismo.

Ambos son jóvenes, se juran amor eterno, bla, bla, bla. Pero la segunda es monumental: Jesse y Celine se reencuentran en Parí­s siete años después, en 2004 –los mismos años que transcurren entre la primera y segunda parte–, considerablemente más machacados por la vida. Primero se ponen al dí­a con sus historias. Poco a poco van adentrándose en un terreno más personal, y coinciden en cómo todos los ideales románticos de la juventud  se han trasladado a la realidad de una forma confortable… pero también vulgar, y un poco decepcionante. La historia, 68 minutos de hablar, hablar, y hablar, culmina con uno de los finales más perfectos que he visto en mi vida.

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